Haber vivido en Los Jardines
Julio 27, 2008
El haber leído un artículo escrito por mi amigo, ex vecino y compañero del Colegio De La Salle, Simón Eduardo De Castro, sobre el tema del Cine Doble, ese lugar que nos hace evocar tantas experiencias y que todavía hoy, a casi diez años de la demolición de su estructura genera recuerdos agradables, específicamente en todo el área de Los Jardines y el Reparto Oquet, Santiago, llevarán en sus corazones y sueños de muchachos y adolescentes como algo propio de un cuento o una historia de Francis Ford Copolla.
Al leer aquellas líneas de nuestro amigo De Castro, nos ha motivado a exponer fragmentos de dos artículos que escribimos hace un año con el tema de Los Jardines.
Antes de todo, expondremos parte de lo indicado por Simón en su escrito para combinarlo con los expuestos por nosotros.
Indicaba él lo siguiente: “Nuestra familia se mudó a la calle 7 no.5 de Los Jardines Metropolitanos en la Semana Santa del año 1975”. “Mal contados, éramos más de treinta muchachos en la cuadra, con edades entre los cinco y los quince años”. “Jugábamos a la cantarita, las escondidas, el paralizado, etc”. “Uno de los sitios favoritos para ir a esconderse era la avanzada construcción del Cine Doble, al doblar la calle, en la cuadra de atrás. Lográbamos entrar a sus salas sin asientos, y de vez en cuando hacíamos shows, alguno se paraba en la tarima de cemento donde estaría más tarde la pantalla, y cantaba o actuaba mientras el público se deleitaba con el show”. “No me alcanza la memoria para acordarme de sus estrenos (luego me enteré que fueron Chinatown con Jack Nicholson y Funny Lady con Barbra Streisand)”. “Recuerdo cuando entré por primera vez al cine. Aquel diseño extraordinario con espejos y vidrios, y la concesión de dulces y palomitas dividiendo las dos salas”. “La sala uno era toda roja: cortinas, alfombras y sillones”. “La sala dos, en cambio, era azul”. “Con el paso de los meses, ya era costumbre cada jueves ir a ver lo que había llegado nuevo a la cartelera, o acaso llamar al 582-9000, número que conservo intacto en mi mente, como si algún día tuviera que llamar de nuevo”. “Recuerdo que las puertas de madera que daban a las salas tenían un cristal para que se pudiera ver desde fuera lo que proyectaban dentro (…)”. “Había acomodadores con sus linternas y sus corbatines, afuera estaban los paleteros, y a cada uno del cine estaban la tienda Kakey y la Cafetería Cine Doble, de un español resabioso que siempre nos estaba llamando la atención”.
Continúa diciendo nuestro amigo Simón De Castro: “Recuerdo también cuando fuimos con Consuelo a ver El Campeón, y que afuera daban una servilleta para secarse las lágrimas, la cual Consuelo destrozó a base de jipíos y llanto”. “Tampoco puedo olvidar el Jueves Santo con los Diez Mandamientos, y sus filas que llegaban a la calle, mientras a nosotros nos enviaban a guardar puestos un par de horas antes de la función”. Termina expresando: “El triste final ocurrió en el 1999”. “Tengo el dudoso honor de haber asistido a la última función”. “Aquella última noche proyectaban el clavo de American Pie, pero qué más daba, había que ir, había que despedir aquel Paradiso”. “A la salida, cuando encendieron las luces, algunos de los que allí estábamos nos miramos las caras, como desconcertados. En el aire flotaba la pregunta ¿y ahora qué?”. “No sé si fue mi imaginación, pero cuando alcancé a ver a Tony y, uno de los que allí trabajaban, durante años, advertí que sus ojos estaban aguados”. “Podrá venir tecnología de punta, podrán venir blockbusters millonarios, pero nada va a compararse con la emoción de esperar el momento justo en que colocaran los posters en las vitrinas del Cine Doble bajo aquellas palabras maravillosas: “Comenzando jueves…”.
En nuestra próxima entrega seguiremos tratando sobre el artículo de nuestro amigo y antiguo vecino, así como lo escriturado por nosotros respecto al Cine Doble y los Jardines Metropolitanos.
José Jordi Veras Rodríguez
E mail: jordiveras@yahoo.com
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